Control de la ira III: El mito del desahogo

 Muchas personas creen que si sientes ira lo mejor es exteriorizarla, soltarla. Esta actitud está basada en la creencia de que la persona que nos hace daño merece ser castigada. En el fondo, lo que está latente es que uno no es responsable de su dolor, sino que son los demás los que nos hieren. Y si nos han herido entonces se han portado mal; por lo tanto se merecen toda nuestra ira para que aprendan. Es la cultura del revanchismo.

Pero esta forma de pensar no tiene en cuenta que:

- Si nos enfadamos con alguien tenemos que decidir si negociamos con él lo que necesitamos o tomamos distancia de esa relación que consideramos poco conveniente, ya que uno mismo es el responsable de lo que siente.

- Dejarse llevar por la ira destruye las relaciones y más si es una forma de revancha. Cuando lo que queremos es infligir el mismo daño que nos han hecho, las otras personas empiezan a levantar barreras psicológicas y a distanciarse emocionalmente para protegerse. De esta forma la ira va terminando con el amor.

- Cuando soltamos la ira nos enfocamos en ella, esto engendra más ira.

- La ira no es una buena forma de conseguir lo que necesitamos si lo que queremos es ser aceptados, escuchados, queridos o atendidos. Con la ira solo conseguimos más ira, frialdad y alejamiento.

No se trata de tragarse el cabreo, para nada, sino de saber expresarlo asertivamente. Es importante decir lo que ha uno le molesta, porque si no, se acumula y se transforma en ira, que habitualmente se exterioriza con hostilidad y agresividad. Para ello es posible que necesitemos un tiempo para tranquilizarnos y enfocarnos en lo que realmente queremos conseguir y en cómo lograrlo. Existen algunas técnicas para facilitarlo; así, es más fácil conseguir que los demás nos comprendan y que atiendan nuestras necesidades.

Contra la ira dilación. Séneca

Jesús Mendieta Martínez


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