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10 diferencias entre el enfado y la rabia

Enfadarse es normal y sano. Enfadarse con los demás es un sentimiento constructivo que nos avisa cuando nuestros límites no están siendo respetados. El enfado nos ayuda a protegernos y a marcar unas reglas hacia  otras personas sobre lo que puede hacer respecto a nosotros, o decir, y lo que no.  Muchas personas intentan evitar enfadarse para evitar el conflicto, aunque a la larga lo que eso provoca es que  aparezca una sensación de injusticia persistente o de desequilibrio en la relación, que se va acumulando en forma de rabia y, que puede desencadenar ataques de ira, en el que predomina la agresividad,  donde es habitual perder las formas, no nos explicamos correctamente y habitualmente provoca un sentimiento de culpa posterior que hace más probable que intentemos evitar expresar los siguientes enfados recurrentemente... y así entramos en un círculo vicioso de enfado y culpa.

Pero, ¿cómo podemos diferencia entre un enfado constructivo y la rabia patológica?

1. En el enfado constructivo la persona expresa sus sentimientos de forma asertiva, con cuidado de no herir pero sin negar lo que sucede, pero una persona con rabia puede negar sus sentimientos ("no, si no estoy enfadado" ,"no me importa",) hace gestos de desaprobación o disgusto y también puede atacar de forma agresiva tanto verbal como físicamente.

2. Un enfado sano no implica perder la capacidad de empatizar con los sentimientos de la otra persona aún estando en desacuerdo con ella. En cambio, alguien con rabia insiste en tener razón y en que la otra persona está equivocada.

3. La persona que expresa un enfado adecuado muestra respeto a la otra persona, pero una persona con rabia busca castigar o hacer daño desde el desprecio a quien considera culpable de su estado emocional.

4. La persona enfadada busca resolver la situación que ha dado lugar a su enfado.  Una persona rabiosa, por el contrario, se considera una víctima y no hace nada en ese sentido.

5. El enfado nos conduce a aprender de la situación para que no vuelva a pasar lo mismo, pero una persona con rabia piensa que ha hecho todo bien.

6. La persona con un enfado constructivo es capaz de superar ese sentimiento en un tiempo adecuado. En cambio una persona con rabia patológica se queda enganchado o parasitado por esa emoción.

7. La persona enfadada analiza la situación y no elude la responsabilidad que pueda tener en la creación del problema. Una persona con rabia elude cualquier tipo de responsabilidad en la creación del problema.

8. Una persona que siente un enfado constructivo entiende que la otra persona tiene un punto de vista que merece ser comprendido. La persona que siente una rabia destructiva insiste en tener toda la razón.

9. El objetivo de una persona enfadada es ponerse de acuerdo con la otra persona y superar la desavenencia fortaleciendo la relación. Por contra, una persona con rabia rompe la relación con la otra persona.

10. La persona con un enfado constructivo también busca que la solución satisfaga a la otra persona. En cambio, una persona con rabia lucha para ganar y que la otra persona pierda.

Podemos prevenir la rabia, que se basa en creencias como "Es horroroso que esta persona haya hecho ésto, no lo aguanto, merece un buen castigo" , o transformarla en un enfado adecuado cambiando nuestra creencia o forma de pensar a algo así como  "No me gusta lo que ha hecho esta persona pero cada uno es libre de decidir lo que quiere hacer", que facilita una correcta puesta de límites y ayuda a negociar de forma efectiva.

Para que el enfado no se convierta en rabia también es importante aprender a expresarlo de forma asertiva, indicando la conducta que no nos ha gustado y cómo nos ha hecho sentir. Después pediremos a la otra persona que cambie esta forma de comportarse, si es posible, describiendo cuál sería la conducta deseada y cómo nos haría sentir si eso ocurriera. Posiblemente en un próximo artículo mostremos cómo hacerlo.

Cualquiera puede cabrearse, es sencillo, pero estar cabreado con la persona correcta, en el grado correcto, en el momento correcto, con el propósito correcto y de la forma correcta no está en el poder de todos y no es sencillo.  Aristóteles.

Por Jesús Mendieta Martínez


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