El poder de tu respiración

La intensidad y la frecuencia de nuestra respiración y el nivel de ansiedad que sentimos, están íntimamente relacionados. Cuando existe un peligro aumentamos el ritmo respiratorio de forma inconsciente, para aumentar el aporte de oxígeno a los músculos y estar preparados para luchar o huir de  una forma más efectiva. Es decir, una respiración rápida y superficial genera una sensación de peligro y agitación, seamos conscientes o no de la amenaza que exista, a veces a nuestra propia autoestima, que conlleva una situación determinada (una reunión de trabajo, una mañana entera de gestiones, encontrar aparcamiento cuando tengo prisa, etc.). 

Usando este mismo razonamiento, pero a la inversa, podemos comunicar a nuestro cuerpo que no existe ningún peligro, eligiendo practicar de forma consciente un tipo de respiración que transmite a nuestro inconsciente que no existe ningún peligro y que podemos estar tranquilos, que nuestro cuerpo puede volver al equilibrio. De esta manera empezaremos a sentir una sensación de serenidad; así conseguimos recuperar el control de nuestras emociones y de nuestra conducta, entre otros importantes beneficios relacionados con esta práctica.

Este breve cortometraje explica lo que quiero decir mucho mejor. Julie Bayer y Josh Salzman, inspirados por su hijo, crearon este vídeo en el aprendemos de unos/as niños/as, que relatan su experiencia con la práctica de la respiración como solo ellos y ellas lo saben hacer.

Puedes aprender este tipo de respiración siguiendo estos pasos:

Paso 1: Dirige el aire a la parte más baja de tus pulmones: si lo consigues significa que tu vientre se elevará pero ni tu estómago ni tu pecho lo harán. Puedes poner una mano en tu vientre y otra en tu estómago para notar si esto ocurre.

Paso 2: Dirige el aire a la parte baja y media de tus pulmones: notarás como se hincha la parte del estómago esta vez. 

Paso 3: Completar la inspiración: ahora se hinchará tu pecho. Es importante hacer la inspiración en tres tiempos, vientre, estómago y pecho, para empezar.

Paso 4: Espiración completa y regular: de forma pausada y constante suelta el aire lentamente.

Paso 5: Establece un ritmo respiratorio adecuado: se trata en realizar la inspiración en un solo tiempo y no en tres como al principio, es decir, hinchando el vientre, el estómago y el pecho de forma continua.

Paso 6: Generaliza la respiración a otras situaciones: practica esta forma de respirar cuando estés de pie, andando por la calle, mientras haces tareas, en el trabajo...

Mantener la atención a una respiración adecuada es una técnica que se usa tanto para afrontar la ansiedad que me produce una situación concreta y conseguir control,  como para alcanzar y profundizar en estados de paz y serenidad cada vez más profundos que permite el contacto con nuestro "yo interior" y que provoca una potente sensación de bienestar y conexión con uno/a mismo/a.

Sería curioso y tal vez sorprendente descubrir cuánto influye el placer de respirar en nuestros ideales más elevados y trascendentales. George Santayana

Jesús Mendieta Martínez

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