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Código de la Bondad III: "Vivir para dar"

 

 

Como hemos analizado en otros artículos, el código de la bondad explica una serie de mandatos sociales que seguimos las mujeres para sentirnos buenas y valiosas. Los aprendemos a través de la socialización y la presión social desde que somos niñas (directa e indirectamente) y a través de los modelos sociales de otras mujeres. Este aprendizaje de cómo debemos ser las mujeres nos dificulta centrarnos en nuestras propias necesidades y proyectos personales diluyendo nuestra identidad personal.

 

Hasta ahora hemos analizado el mandato I: Sé atractiva y el mandato II "Controla tus emociones". Hoy vamos a analizar el mandato III: No seas egoísta y ten una actitud de servicio. Una mujer buena vive para dar.

 

Cómo reconocer este mandato

Nos sentimos valiosas en la medida en que ayudamos a los/las demás.

Nos sentimos sobrecargadas ante las demandas de los demás, pero no somos capaces de salir de las tareas de cuidado.

Nos decimos que no nos cuesta "tanto" hacer por los demás y terminamos siendo imprescindibles para otros/as, generando relaciones de dependencia.

Sentimos envidia e incomodidad cuando vemos a otra mujer que se siente capacitada para acceder al dinero, la libertad, el reconocimiento o el poder.

Nos centramos de manera cotidiana en lo que necesitan los/as demás, de tal manera que dejamos de prestar atención a nuestras propias necesidades y, finalmente, dejamos de saber lo que necesitamos.

Nos enojamos cuando otras personas no toman conciencia de lo que necesitamos o deseamos, pero no nos atrevemos a pedirlo directamente.
Dejamos de lado nuestros propios compromisos cuando otro/a desea o necesita algo.
Nos cuesta decir que no.
En situaciones sociales canalizamos nuestra ansiedad ayudando al anfitrión/a a servir la comida o limpiar.
Nos sentimos en conflicto respecto de la elección de nuestra carrera porque pensamos que debemos hacer algo que signifique un servicio, aunque preferiríamos algo más agradable o más lucrativo.
Sólo nos sentimos bien con nosotras mismas cuando hacemos cosas por otros que nos necesitan.
Como nosotras no podemos hacerlo, nos sentimos mal cuando otras personas invierten tiempo y dinero en ellas mismas.

Dejamos de lado cualquier intento de dedicarnos a un  trabajo creativo, porque sentimos que no somos suficientemente buenas como para que se justifique el tiempo que en ello invertiremos.

¿Cómo superar este mandato?

 

Aprendiendo a centrar mi identidad en mi propio desarrollo personal.
Dar prioridad a mis necesidades, puesto que yo soy la única que puede satisfacerlas.
Entender que "dar” es una elección, y no se hace a expensas de dejarme de lado a mí misma.
 “Pedir” no quiere decir que la persona elegida tenga que satisfacer mi necesidad. A veces hay buscar otras personas más adecuadas para pedir algo, no empeñarnos en que nos lo de alguien concreto.
“Recibir” es permitir que los demás me den cosas.
Aprender a decir NO cuando no deseo dar algo.
Aprender a poner límites cuando nos responsabilicen de algo que no nos corresponde.

Buscar otras formas de sentirme importante o útil que no estén centradas en el cuidado de los demás.

 Fomentar la autonomía en los demás permitiendo que resuelvan sus propios problemas.

 Empatizar con las necesidades de los demás sin sentirme impulsada a cuidarlos: “sé que lo estás pasando mal, ¿qué piensas hacer para solucionar tu problema?”.


“Las mujeres constituyen el único grupo explotado en la historia que ha sido idealizado hasta la impotencia”. Erica Jong.


Irene Mollá Balañac


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